Cualidades necesarias para un Guerrero activo de la Luz

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Cualidades necesarias para un Guerrero activo de la Luz

CUALIDADES NECESARIAS PARA UN GUERRERO ACTIVO DE LA LUZ

 

¿De qué modo podemos hacernos capaces de elevar nuestra frecuencia vibratoria para trabajar con los Maestros Ascendidos en planos astrales?

 

No hay ningún misterio respecto de las cualidades que ha de reunir quien aspire a contarse en el número de seres que eleven su conciencia y consigan la ascensión; pero la dificultad no está en saber cuáles sean, sino en desarrollarlas en sí mismo. Ya las he descrito incidentalmente en algún artículo más conviene, no obstante, establecerlas categóricamente, y serían:

 

1º Docilidad de mente. –

El primer requisito es el de reconocer cuán grande es la tarea que los Maestros han de encargarnos y a través de la cual somos guiados, y que ha de ser para nosotros la preferente ocupación de nuestras vidas. Ellos nos alinean con nuestro propósito y compromiso divino adquirido en planos más elevados.

 

Debemos aprender a distinguir no sólo entre las tareas útiles y de ocio, sino entre las diferentes tareas provechosas, a fin de que cada cual se dedique a la más elevada de que sea capaz, sin perder el tiempo en lo que, a pesar de ser bueno para quien no sabe hacer nada mejor, es poco alineado con el propósito mayor y no aporta sabiduría ni conciencia elevada alguna.

Lo anteriormente dicho no significa en modo alguno que hayamos de dejar de lado nuestros diarios deberes de la vida.

Haremos seguramente muy bien de ir dirigiendo nuestra energía de manera que vayamos enfocándonos al desarrollo de nuestro propósito más elevado y a su vez ir abandonando el camino más mundano que nos ocupaba y no contraer nuevos deberes de esa clase clase; pero no tenemos derecho a desatender aquellos a los que ya estamos sujetos por obligación kármica, o sea que los compromisos más terrenales adquiridos, deben tener cumplimiento para poder saldar de esa manera el karma al que estaban sujetos.

A menos que no hayamos cumplido plenamente todos los deberes que el karma ha puesto sobre nosotros, no quedamos libres para emprender esa única y elevada tarea que, sin embargo, debe ser para nosotros el único objeto realmente digno de la vida, el constante reclinatorio de una existencia consagrada al servicio de los Maestros de Compasión.

 

2º Perfecto dominio de si mismo. –

Para que se nos sean confiados los poderes adquiridos cuando elevamos nuestra conciencia a frecuencias realmente elevadas, debemos dominarnos perfectamente a nosotros mismos.

Hemos de subyugar completamente nuestro temperamento, de modo que nada de lo que veamos u oigamos pueda encolerizarnos, porque las consecuencias de semejante cólera serían mucho más graves en el astral que en el físico.

La fuerza del pensamiento es siempre enorme; pero “aquí abajo” queda reducida y amortiguada por las pesadas partículas cerebrales que las pone en movimiento.

En el mundo astral esta fuerza es más libre y poderosa, y si allí un hombre tuviese plena facultad de sentir cólera contra otro, sería para él un daño grave y fatal.

No sólo necesitamos dominar el carácter, sino también los nervios, a fin de que ninguna de las fantásticas o terribles visiones con que nos encontremos sea capaz de quebrantar nuestro valor.

A fin de asegurar este dominio sobre los nervios y que las personas puedan elevar su conciencia, este es siempre sometido a sufrir las pruebas del Planeta.

En definitiva: con absoluta certeza hemos de saber que no se aprende sólo con teoría sino con práctica y experiencia y que nada puede obstruir el camino de las tareas que hemos de emprender.

 

Desde la percepción del cuerpo físico estamos plenamente convencidos de que el fuego puede quemarnos y el agua ahogarnos; que las montañas y rocas, como cuerpos sólidos, constituyen infranqueable valla a nuestro avance; y que no podemos lanzarnos sin apoyo a la atmósfera.

Tan profundamente arraigada está en nosotros estas convicciones, que a la mayor parte de los hombres les cuesta grandísimo trabajo sobreponerse a las instintivas acciones que estas les hacen sentir.

Cuando un ser humano adquiere una perspectiva desde un plano de conciencia más elevado se da cuenta de que puede actuar desde planos más elevados y esto le permite hacerlo de forma más instintiva y confiada.

Después de pasar por las pruebas y otras extrañas experiencias, el hombre lo hace demostrando, en efecto, que no tiene temor ni nervios, cualesquiera que sean las circunstancias en las que se halle.

Por otra parte, necesitamos dominio de pensamientos y deseos; de pensamientos, porque sin el poder de concentración sería imposible realizar buena labor a niveles más elevados.  De deseos, porque en el extraño mundo del astral, desear es casi siempre poseer, y a menos de que esté bien regida esta parte de nuestra naturaleza, podríamos hallarnos tal vez con creaciones de nuestro deseo de las cuales nos avergonzaríamos profundamente.

 

3º Tranquilidad. –

Otra importante condición es la carencia de toda especie de desaliento o depresión de ánimo.

Gran parte de la tarea consiste en dar fuerzas a los afligidos, en consolar a los tristes; y ¿cómo podríamos ayudar y realizar ese propósito que elevará nuestra frecuencia si nuestra propia aura vibra en incesante perturbación o abatimiento o está invadida por la intensa melancolía o el desaliento?

Nada es más limitante para el progreso, que la costumbre de “deprimirnos por tonterías”, o la eterna manía de convertir los pequeños obstáculos en grandes montañas.

 

Muchos malgastan tontamente su vida anclándose en la pena.

Los que deseamos el camino de la ascensión debemos a toda costa llegar más allá de semejante estado de insano estado de negatividad y desánimo; seguramente nosotros que tratamos de adquirir definitivas ideas del orden cósmico, debemos comprender que el punto de vista optimista de todas las cosas está siempre más cerca del pensamiento divino y por lo tanto de la verdad, pues sólo lo que es bueno y hermoso tiene posibilidad de ser permanente, mientras que el mal ha de ser transitorio por su propia naturaleza.

 

4º Sabiduría. – Para ser útil el hombre en un Plan Superior debe por lo menos tener algún conocimiento de la naturaleza del plano en que ha de actuar; y será, por lo tanto, más útil quien de una u otra, posea mayores conocimientos.

Debe hacerse apto para esta tarea estudiando cuidadosamente todo cuanto la literatura teosófica ha escrito sobre el particular, porque no ha de esperar que quienes tienen ya el tiempo enteramente ocupado como es el caso de los Grandes Maestros de Sabiduría, distraigan parte del mismo en explicarles lo que pudo aprender en el plano físico a través de esta u otras vidas, sin otro trabajo por ejemplo que el de leer los libros.

 

5º Amor. –

Es la última y mayor de las condiciones y también la menos comprendida.

Hemos de desear aquel amor bastante fuerte para no caer en jactancia; el intenso deseo de ser útil, que siempre avizora coyunturas de prestar servicios aunque se prefiera hacerlo anónimamente; el sentimiento nacido en el corazón de quien conoce la gran obra del Logos y habiéndola sentido o visto una vez, se convence de que para él no puede haber en los tres mundos otra aspiración que identificarse con esa obra en el mayor grado posible para llegar a ser, aunque en modesta proporción y a gran distancia, un pequeño canal de aquel portentoso amor divino que, cómo la paz de Dios, escapa a la comprensión del hombre.

 

Estas son las cualidades que el hombre debe esforzarse incesantemente en alcanzar, y que en grado suficiente debe reunir antes de que el Gran Ser que se mantiene tras él lo juzgue apto para el completo despertar.

 

Difícilmente se hallará entre los Maestros Ascendidos quienes no sean capaces de llevar a cabo, por lo menos una definida acción de buena voluntad.

 

La condición de trabajar en el astral durante el sueño es ordinariamente una especie de absorción en pensamiento, recordémoslo, una continuación de los pensamientos que principalmente nos han ocupado durante el día y más en particular del último que ocupaba nuestra mente al quedar dormidos.

Ahora bien: si nuestro último pensamiento es la firme intención de ir a prestar auxilio a alguien cuya necesidad de él conozcamos, cuando el alma esté libre del cuerpo realizará indudablemente aquel intento y prestaremos el auxilio.

Varios casos hubo en que, al efectuar este esfuerzo, la persona a quien se dirigía fue plenamente consciente del anhelo de quererla auxiliar y aún vio su cuerpo astral en el acto de llevar a cabo las instrucciones impresas en él.

 

Verdaderamente, nadie ha de entristecerse por la idea de que no pueda tener participación ni empleo en esta gloriosa obra. Quien tal creyera estaría completamente equivocado, porque quienquiera que pueda pensar, puede auxiliar.

 

Ni tampoco es necesario limitar tan provechosa labor a las horas de sueño. Si sabéis (¿y quién no sabe?) de alguien que esté afligido o apesadumbrado, aunque no seáis capaces de estar conscientemente en astral forma junto a su cama, podéis sin embargo enviarle amorosos pensamientos y ardientes deseos de benevolencia, con la completa seguridad de que tales pensamientos y deseos son reales, vivos y fuertes; que al enviarlos mueven y actúan vuestra voluntad en proporción a la fuerza que hayáis puesto en ellos.

 

Los pensamientos son cosas intensamente reales y visibles a los ojos de quienes los abrieron para ver, y por su medio el hombre más pobre logra su parte en las buenas obras del mundo tan plenamente como el más rico. De este modo, a lo menos, ya seamos o no capaces de funcionar conscientemente en el plano astral, podremos afiliarnos y debemos todos afiliarnos en el ejército de protectores invisibles.

 

Pero el aspirante que resueltamente anhele llegar a ser de la fraternidad de protectores astrales que trabajan bajo la dirección de los grandes Maestros de Sabiduría, hará de su preparación parte de un muy amplio plan de perfeccionamiento.

En vez de esforzarse en ser apto tan sólo para esta particular rama de Su servicio, tomará con resuelta determinación la mucho mayor tarea de seguir sus huellas, de convertir todas las energías de su alma a lograr lo que Ellos alcanzaron, a fin de que este poder de auxiliar al mundo no quede limitado al plano astral, sino extendidos a más altos niveles, que son la verdadera morada del divino ser del hombre.

 

Hace mucho tiempo fue trazado el sendero por la sabiduría de aquellos que en otra edad lo recorrieron; un sendero de perfección que más pronto o más tarde todos debemos seguir, ya lo escojamos ahora de propia voluntad, ya esperemos a que después de muchas vidas e infinidad de sufrimientos, la lenta e irresistible fuerza de evolución nos impela a lo largo del sendero entre los rezagados de la familia

humana.

 

Pero el hombre prudente entra ansioso y sin demora en el sendero, dando rostro a la meta del Adepto, a fin de que, librándose para siempre de toda duda, temor y tristeza, pueda también ayudar a otros en la obtención de la confianza y felicidad.

Cristina Escalada

By | 2017-09-20T18:16:03+00:00 20/09/2017|Dinámica de crecimiento|0 Comments

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Terapeuta energética

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