AUTOESTIMA Y MÁSCARAS DE PERSONALIDAD


AUTOESTIMA Y MÁSCARAS DE PERSONALIDAD

 

¿Habéis reflexionado alguna vez sobre el origen de la baja autoestima? Es curioso, pero hasta las personas más egocentristas suelen serlo porque se han protegido con una máscara de personalidad y han llegado a creer que eran realmente esa máscara adoptando esa identidad.

Una de las principales lecciones que venimos a aprender en esta vida es el amarnos a nosotros mismos.


Cualquier extremo ya sea la baja autoestima o el excesivo ego tienen su causa principal en las creencias y condicionamientos que hemos aceptado durante nuestra experiencia de vida y, si me permitís, también los que arrastramos de vidas anteriores.


Son muchas las experiencias que hemos vivido y hablando de amarnos, ya sea mucho o poco, podemos intentar retroceder y buscar en el archivo del subconsciente en qué momento alguien nos dijo que no merecíamos, o que no valíamos lo suficiente, que estábamos gordos o flacos o que éramos tontos o poco inteligentes.


Muchas veces estas frases se producían sin pretender hacernos daño de forma consciente, otras quizás sí, pero la realidad es que por muy ingenuos que pretendieran ser esos comentarios, iban calando en nuestro ser de manera que consiguieron hacernos una profunda herida en el alma que nos causaba dolor.


Las experiencias de vida ya son en sí mismas muchas veces dolorosas por el aprendizaje que llevan implícito en ellas, pero tener que afrontarlas desde una percepción de nosotros mismos como personas no válidas, puede añadir un sufrimiento extra que no todos saben enfrentar.


La falta de autoestima nos resta herramientas y oculta las cualidades que son innatas en nosotros y que nos ayudarían a enfrentar y crear el día a día.


El sufrimiento tienes varios niveles y también el ser humano tiene diferentes niveles de capacidad para afrontarlo y seguir hacia adelante y, la realidad, es que la mayoría de personas no saben cómo gestionar, afrontar o detener ese dolor. Ni siquiera somos conscientes de dónde provienen, ya que las creencias en las que basamos esa percepción tan nula de nosotros mismos probablemente se ha ido insertando desde que éramos muy pequeños y no fuimos capaces de discernir si eran buenas o malas para nosotros.


Es muy importante descubrir el origen de nuestros sufrimientos, esos patrones adquiridos, esas creencias limitantes, esa percepción de nosotros mismos que consigue impedir que seamos lo que realmente somos y a reaccionar positivamente ante las situaciones cotidianas de la vida.

Cuando aceptamos las máscaras de personalidad del ego, nos alejamos de expresarnos a través del alma, escogemos una personalidad para poder protegernos del mundo y de aquello que tanto nos duele, engañándonos y alejándonos de nuestro verdadero ser.


Cada dolor que habita en nosotros, cada herida que nos hace sufrir desde el alma nos lleva a adoptar una máscara para protegernos pero, no nos engañemos, esas máscaras lo único que hacen es fomentar y alimentar más esa herida y por lo tanto generar más dolor.

Mirar hacia otro lado y hacer como si no existiese no es la solución, instintivamente nos protegemos y no queremos sentir el dolor de nuestra alma pero debemos mirar al dolor de cara, hacernos conscientes de su origen y plantarle cara para que sea sanado.


Si permitimos vivir la vida condicionados por creencias que nos perjudican y limitan, todos los aspectos de nuestra vida se verán afectados. La salud, la prosperidad, el estado de ánimo, nuestras relaciones, absolutamente todo se verá condicionado y no se manifestará en la perfección que debiera, provocando situaciones de carencia en estos aspectos -o en todos ellos- que serán causa de más dolor.


El dolor del alma atrae hacia nosotros su igual, la ley de la atracción siempre actúa; el dolor trae más dolor, atrae situaciones, comportamientos o actitudes que fomentan ese dolor porque hemos decidido inconscientemente como protección asumir una máscara que creemos nos protegerá. Las máscaras nos hacen sentir seguros, parece que infunden valor o confianza en nosotros y con ellas olvidamos el poco valor que nos damos y nos enfrentamos a las circunstancias.


Pero no nos equivoquemos, la herida sigue ahí, el dolor que nos causó sentirnos abandonados, no queridos, humillados, rechazados; las injusticias que creemos se hicieron con nosotros están ahí condicionando nuestra vida, aún con la máscara puesta.


Con nuestras máscaras ocultamos nuestra necesidad de aprobación y aceptación, de merecer, pero aunque esas máscaras en determinados entornos nos permitan ser de una manera que nos integre en un grupo, no debemos olvidar que es una máscara y que hay un ser excepcional en nuestro interior que espera sanar sus heridas y poder expresarse desde la grandeza de su ser, sin importarle las opiniones ajenas ni dependiendo de la aprobación externa.


Desde niños hemos aprendido a adoptar máscaras y crecemos sin ser conscientes de ellas. A veces os benefician y ayudan pero otras no son buenas para nosotros. Te dejo aquí algunas de las máscaras más corrientes. Y tú, ¿qué máscara utilizas?


Principales máscaras de personalidad

La víctima;

El “niñx buenx”;

El/la guerrero;

El/la pasota;

El/la salvador;

El /la sufridora;

El tipo duro;

El/la eterno feliz;

El/la graciosx;

El/la optimista;

El/la pupas;

El/la rompecorazones;

El/la ayudadorx;

El/ la rebelde;

La superwoman

El oso amoroso

El/la sumisx


Cada máscara es una jaula en la que nos hemos encerrado por miedo a mostrar quienes somos en realidad. ¿No crees que ha llegado el momento de identificarla y sanar tu herida?


 

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